lunes, 17 de febrero de 2014

Esta semana: 

LA LEY Y LA GRACIA VISTA POR SAN AGUSTÍN, LOS REFORMADORES Y
JUAN WESLEY 
Mag. Mario Cely

Introducción

Tradicionalmente, en nuestro contexto, la iglesia evangélica latinoamericana ha interpretado erróneamente el verdadero sentido bíblico de la Ley y el lugar que ocupa en la economía de la salvación o esfera de la gracia de Dios.

Hay versículos que por lo general han sido mal interpretados y que arrojan una luz tal sobre este tema que nos vemos obligados a citarlos en seguida:

“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).

“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:14).

“Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.”

Pero muy poco se ha tomado en cuenta el correcto significado hermenéutico y exegético de otros pasajes tales como:

Mateo 5:17: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir”

“Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador” (Gálatas 3:19).

Implica, entonces, que aquí existe ¿una contradicción? De ninguna manera. Con el correr de los siglos se presentaron controversias sobre la interpretación de estos textos. En los propios días de la iglesia cristiana primitiva y durante el ministerio del apóstol Pablo, surgió un partido denominado “antinomiano” (del gr. anti y nomos, ley). Enseñaron que, como Cristo cumplió la ley, nosotros los cristianos ya nada tenemos que hacer con la misma desde ningún punto de vista. De este modo, eliminaron la dimensión moral de la misma, la cual dijo Cristo que no había venido para “abrogarla”. Así, en varios momentos de la historia, antinomianistas han llegado al punto del libertinaje viviendo en medio de aborrecibles obras carnales. Tales posturas erróneas fueron combatidas por el apóstol Pablo cuando en su carta a los Romanos dejó en evidencia del extravío de los antinomianos: “¿Y por qué no decir (como se nos calumnia, y como algunos, cuya condenación es justa, afirman que nosotros decimos): hagamos males para que vengan bienes)” (3:8) Del mismo modo, “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? (6:1,2).

En la actualidad, la posición conocida como dispensacionalismo extremo y el liberalismo teológico o modernismo, también pretenden lo mismo, aunque no en la posición del libertinaje carnal de los antinomianos y algunas sectas que históricamente siguieron a los libertinos en el siglo I. Sino que a mi juicio, el error de estas escuelas teológicas radica también en el hecho de que, al haber eliminado la dimensión moral o el denominado “tercer uso de la ley”, en el sentido de que la ley sirve al cristiano como “guía moral” para su vida regenerada, más nunca como “norma de justificación”, siguen fallando tristemente. Es claro que al ser justificados en Cristo (Romanos 5:1,2) la ley no tiene nada que hacer en este sentido. Esto puede ser ilustrado con el hecho de que “si un pan de jabón no sirve para comer, por lo menos sí nos sirve para lavar la ropa”. Y esto mismo es lo que continúa haciendo la ley moral de Dios en la vida de los creyentes justificados en Cristo.

Veamos un claro ejemplo acerca de la manera como un dispensacionalista moderno rechaza el “tercer uso de la ley”. F. B. Hole declara:

¿Qué daño se produce en un cristiano que adopta la ley como regla de vida?

Un gran daño. Al hacerlo, el cristiano “cae de la gracia” (Gálatas 5:4), porque la gracia no sólo lo salva, sino que también le enseña (Tito 2:11-14).

Al vivir guardando la ley, el cristiano rebaja la norma divina. Cristo, y no la ley, es la norma del creyente. Éste además se apodera así de un poder de motivación erróneo. Uno por recelo puede intentar, aunque insatisfactoriamente, guardar la ley, y tratar de regular el poder de la “carne” dentro de sí. Pero el Espíritu Santo es el poder que controla la carne y que conforma al creyente a Cristo (Gálatas 5:16-18).

Por último, él hace violencia a las relaciones en que está por la gracia de Dios. Aun cuando es un hijo en la libertad de la casa y del corazón del Padre, ¡él insiste en ponerse bajo el código de reglas formulado para hacerse cumplir en el recinto de los domésticos! ¿No hay nada de malo en todo esto? Creemos que sí.*

Aquí se impone entonces, un examen exegético de este profundo tema. Para este fin, vamos a examinar la opinión de diversos hombres de Dios que, luego de los apóstoles, sus enseñanzas bien merecen la pena ser tomas en cuenta. Las posiciones interpretativas de Agustín de Hipona, los reformadores como Lutero y Calvino así como más tarde Juan Wesley, son tomadas en cuenta en la presente ponencia.

I. San Agustín de Hipona (354-430).

El “Doctor de la Gracia” fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según Antonio Livi uno de los más grandes genios de la humanidad. Autor prolífico, dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología siendo Confesiones y La Ciudad de Dios sus obras más destacadas. (Wikipedia, internet)

Citado por el propio Juan Calvino*, Agustín de Hipona declara lo siguiente en cuanto a este tema de la ley y el evangelio o gracia de Dios:

En cuanto a la enseñanza que hemos de sacar de la Ley para implorar el auxilio divino, san Agustín habla de ello en diversos lugares. Así escribe a Hilario: “La Ley manda, para que nosotros, esforzándonos en hacer lo que manda y no pudiendo hacerlo por nuestra flaqueza, aprendamos a implorar el favor de la gracia de Dios”. Y a Aselio: “La utilidad de la Ley es convencer al hombre de su debilidad, y forzarlo a que busque la medicina de la gracia que se halla en Jesucristo”. Y a Inocencio Romano le escribe: "La Ley manda; la gracia da la fuerza para bien obrar”. Y a Valentino: “Manda Dios lo que no podemos hacer, para que sepamos qué es lo que debemos pedirle”. Y: “Se ha dado la Ley para hacernos culpables; para que siendo culpables, temieseis, y temiendo, pidieseis perdón, y no presumieseis de vuestras fuerzas”. Y también: “La Ley ha sido dada para esto, para hacernos de grandes pequeños, a fin de mostrar que por nosotros mismos no tenemos fuerzas para vivir justamente, y viéndonos de esta manera necesitados, indignos y pobres, nos acogiésemos a la gracia”. Y luego, dirigiéndose a Dios: “Hazlo así, Señor, hazlo así, misericordioso Señor; manda lo que no podemos cumplir; o por mejor decir, manda lo que no podemos cumplir sin tu gracia, para que cuando los hombres no puedan cumplirlo con sus fuerzas, sea toda boca tapada y nadie se tenga por grande; que todo el mundo se vea pequeño, y se vea culpable delante de Dios” .

Pero no es necesario acumular testimonios de san Agustín sobre esta materia, ya que escribió todo un libro sobre el particular., al que puso por título Del Espíritu y de la Letra. Respecto a la segunda utilidad, no la expone tan claramente. Quizás porque pensaba que la segunda era mera consecuencia de la primera, o porque no estaba tan convencido de la misma, o bien porque no conseguía formularla tan distinta y claramente como quería.

Aunque esta utilidad de que hemos hablado convenga propiamente a los hijos de Dios, sin embargo, también se aplica a los réprobos. Pues si bien ellos no llegan, como los fieles, hasta el punto de sentirse confusos según la carne, para renovarse según el hombre interior, que es el Espíritu, sino que aterrados se dejan llevar por la desesperación, sin embargo sirve para manifestarles la equidad del juicio de Dios el que sus conciencias se vean de tal manera atormentadas por el remordimiento; ya que ellos, en cuanto les es posible, tergiversan siempre el juicio de Dios. Y aunque por ahora no se revele el juicio del Señor, sin embargo sus conciencias de tal manera se ven abatidas por el testimonio de la Ley y de sus propias conciencias, que bien claramente dejan ver lo que han merecido. 

II. Martín Lutero (1483-1546)
Teólogo y reformador religioso alemán que inició la Reforma protestante. Figura crucial de la historia moderna europea, cuya gran influencia se extendió más allá de la religión a la política, la economía, la educación, la filosofía, el lenguaje, la música y otros espacios de la cultura.  

Ley y Evangelio 
Lutero sostuvo que Dios actúa sobre los seres humanos a través de la ley y de los Evangelios. La ley representa las exigencias de Dios –como se expresa, por ejemplo, en los Diez Mandamientos y en los preceptos de Jesús en el Nuevo Testamento. Al margen de sus convicciones religiosas, todas las personas son conscientes de la ley y las tradiciones éticas de su cultura, aunque el pecado distorsiona su interpretación. Para Lutero, la ley cumple dos funciones. Permite a los seres humanos mantener cierto orden en su mundo, su comunidad y sus propias vidas a pesar del profundo alejamiento de Dios, del mundo, de sus semejantes y de sí mismos provocado por el pecado original que introdujo el mal radical. Además, la ley acerca a los seres humanos a Cristo por la necesidad del perdón de los pecados.

Dios también se relaciona con los seres humanos a través de los evangelios, donde se narra el sacrificio de su hijo para la salvación de la especie humana. Esta proclamación no exige más que su aceptación por parte de las personas. Lutero pensaba que la teología se equivocó al confundir la ley con el Evangelio y afirmó que los seres humanos sólo pueden aspirar a ser dignos del don incondicional de la gracia de Dios.

Acercamiento de Martín Lutero al propósito de la Ley según su Comentario de la Carta a los Gálatas
A Lutero le interesa por encima de todo que la salvación del creyente es exclusivamente obra de la gracia por medio de la fe sin las obras de la ley. Además, para Lutero, la ley “impulsa al hombre a buscar la gracia de Dios”. Vemos que en esto el reformador hace una perfecta interpretación del mensaje paulino. Su comentario al Capítulo 3:13, 14, dice:

vv. 13, 14: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito:
“Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”.

En primer lugar quisiera aclarar algunos puntos con esa gente que no está bajo la maldición de la ley ni necesita a Cristo como Redentor. Son los que sostienen que hay una diferencia entre ser contrario a la ley y ser contrario a lo intentado por la ley: «El que atenta contra la ley, comete un pecado; pero el que atenta contra lo intentado por la ley no comete pecado, sino que solamente falta a su deber de hacer el bien (tantum a bono déficit)».47 ¿Quién puede aguantar este veneno? Pero ¡fíjate en la clase de prueba que aportan para apoyar su tesis! (Debo aclarar que «lo intentado por la ley» es, según ellos, el hecho de que Dios exige que las obras de la ley sean hechas en amor.) «Si el hombre» -dicen- «tuviera que atenerse a lo intentado por la ley, resultaría que el que aún no ha recibido la gracia, estaría pecando continuamente al no matar, no cometer adulterio, no hurtar etc.».48 A esto respondo: El hombre no peca al no matar, etc., sino al abrigar en su interior, en forma latente, el odio, los malos deseos, la codicia, y al volcar estas cosas al exterior cuando se lo irrita; porque esta impureza oculta del corazón y de la carne puede ser eliminada solamente por la fe, mediante la gracia de Cristo. Por lo tanto, «lo intentado por la ley» no es que ella sea guardada por el hombre que se halla en el estado de gracia, como si la gracia fuese una especie de exigencia.

Antes bien, «lo intentado por la ley» es esto: que se la guarde.49 Guardarla empero es imposible sin la gracia; por ende, la ley impulsa al hombre a buscar esta gracia.50 Consecuentemente, los que no poseemos la gracia que se obtiene por fe, estamos todos bajo la maldición de la ley, como ya fue expuesta con suficiente amplitud. Pues como el justo vive solamente por la fe, está claro que sobre los incrédulos pesa la maldición de la ley. De lo contrario invalidaríamos la redención hecha por Cristo, o la tendríamos que limitar a lo referente a leyes ceremoniales. Pero de esto podría habernos redimido también un ser humano.

Análisis del entendimiento de Lutero sobre la Ley y la Gracia
Lutero sostenía que la Ley del Antiguo Testamento fue “abrogada” en el tiempo del Nuevo Testamento. En un sermón (en el año 1525) sobre “Cómo los cristianos debemos considerar a Moisés”, dijo que la ley de Moisés era solamente para los judíos, incluyendo los diez mandamientos. [1] Sin embargo, dice que la ley de Moisés contiene muchos principios éticos muy sabios. No son “obligatorios” hoy, pero de todas maneras son una buena guía. Dice “Si fuera emperador, tomaría de Moisés un modelo para mis estatutos”. [2] En su comentario sobre Tito 1.15 (del año 1527), dice:

“...Pablo llama despectivamente mitos (aquí Lutero se refiere al versículo 14, la palabra traducida “fábulas”) a la Ley: mitos eran todo lo relativo a la comida, a la ropa, o la bebida. Por tanto, hay mandamientos de los hombres y mitos judíos. Las prescripciones que encontramos en la ley de Moisés acerca de animales puros e impuros, también las llama mitos. En verdad, esto es lo que son. No deben imponerse a los hombres.”

También decía en un prefacio del Antiguo Testamento (escrito en 1523, revisado en 1545) que había tres clases de leyes en los escritos de Moisés: a) leyes “temporales” relacionadas con asuntos temporales, como el matrimonio por ejemplo, b) leyes acerca del culto, y c) leyes de “fe y amor”. Dice que debemos observar todas las leyes donde su observación no está en conflicto con “la fe y el amor”. Si alguna ley está en conflicto con la fe y el amor, debemos “deshacernos totalmente” de ella. [3] En el mismo sermón, expresa su posición acerca de los diez mandamientos. Dice que “cesaron”, por no en el sentido de que no debemos cumplirlos, sino en el sentido de que “el oficio de Moisés en ellos cesa”. “El oficio de Moisés ya no puede reprender el corazón y hacerlo culpable por no haber guardado los mandamientos, mereciendo la muerte, tal como hacía antes de la gracia, antes de la venida de Cristo”. [4] Hay que tomar en cuenta la situación histórica en que Lutero enseñó. Estaba luchando contra el legalismo católico, tratando de exponer el evangelio de la gracia. Lo más importante para Lutero es que nadie se salva por la ley, sino solamente por Cristo.

Muchos teólogos explican el uso de la ley del Antiguo Testamento hoy de otra manera. La Confesión de Fe de Westminster (capítulo 21, especialmente párrafo 3) hace una distinción entre tres aspectos de la ley del Antiguo Testamento:

a) el aspecto ceremonial,
b) el aspecto civil, y
c) el aspecto moral.

Explica que ya no tenemos que guardar las ceremonias (como los sacrificios, y los ritos de purificación), porque Cristo cumplió la ley ceremonial. Tampoco tenemos que practicar la ley civil (como los castigos y las leyes acerca de propiedades), porque el pueblo de Dios ya no es solamente la nación de Israel, sino la iglesia en distintos países en todo el mundo. Sin embargo, la ley moral (principios éticos, resumidos en los Diez Mandamientos) todavía es vigente hoy. Toda la ley es útil para enseñarnos verdades espirituales y principios de justicia, pero no es obligación guardar la ley como en el tiempo del Antiguo Testamento. Es decir, no pecamos si no guardamos los aspectos ceremoniales o civiles, pero sí pecamos si no vivimos de acuerdo con los principios morales.

Juan Calvino había enseñado anteriormente la misma posición que se expresa en la Confesión. Para él, la ley moral es "la verdadera y eterna regla de rectitud, prescrita para los hombres de todas las naciones y todos los tiempos, quienes desean conformar sus vidas a la voluntad de Dios". La ley ceremonial era la "tutela de los judíos", las "figuras" que se encuentran en el sistema de sacrificios. La ley judicial era para el gobierno judío. [5] Aunque Calvino dice que la ley ha sido “abrogada” [6], está hablando de los aspectos ceremoniales y civiles. Incluso, según él, la ley ceremonial no está abolida en cuanto a su "efecto", sino en cuanto a su "uso". Es decir, las leyes no han sido "privadas... de su santidad". [7] Ellas aún apuntan a Cristo como siempre lo hacían. Sin embargo, apuntan a Cristo sólo como leyes escritas, no como ceremonias que practiquemos. La ley ceremonial ya no debe ser practicada, pero aún debe ser estudiada. Calvino enseñó que la ley civil fue abolida cuando el pueblo de Dios dejó de ser simplemente la nación judía, y empezó a incluir a los gentiles de todas partes del mundo. Concluye que la ley moral, o la “ley de caridad”, está todavía vigente:

“Por tanto, así como las ceremonias han sido abolidas, quedando en pie íntegramente la verdadera piedad y religión, así todas las referidas leyes judiciales pueden ser mudadas y abrogadas sin violar en manera alguna la ‘ley de la caridad’”. [8] En su comentario sobre Tito, Calvino dice que la palabra “fábulas” (1.14) es sinónimo de la frase, “mandamientos de hombres”, y que son trivialidades insignificantes. [9]

Sugiero que Lutero, en el comentario sobre Tito, está confundiendo la Ley misma del Antiguo Testamento con el uso incorrecto de la Ley de parte de los judíos en tiempo del Nuevo Testamento. Sin embargo, se ve una diferencia entre su posición en el comentario sobre Tito y su prefacio del Antiguo Testamento. Si sus comentarios en el prefacio acerca de la ley son del año 1545, esto mostraría un progreso hacia una posición menos negativa con respecto a Moisés. Además, su distinción entre las tres clases de leyes no está lejos de la posición de la Confesión de Fe de Westminster y de Juan Calvino. Las leyes “temporales” serían como la ley “civil”, las leyes de “culto” serían la ley “ceremonial”, y las leyes de “fe y amor” serían algo semejante a la ley “moral”. En ningún momento Lutero sugiere que descartemos totalmente los principios éticos que se encuentran en la ley de Moisés.

“Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí” (Romanos 7.9). Así es con los que se justifican por sus obras y con los incrédulos orgullosos. Puesto que no conocen la Ley de Dios, la cual se dirige contra ellos, es imposible que conozcan su pecado. Por lo tanto tampoco reciben instrucción. Si ellos conocieran la Ley, entonces también conocerían su pecado; y el pecado que ahora está muerto en ellos, reviviría.
~ Martín Lutero

III. Juan Calvino (1509-1564)
Teólogo francés, considerado como uno de los padres de la Reforma Protestante y el más importante exégeta de la misma. Más tarde, las doctrinas fundamentales de posteriores reformadores se identificarían con él, llamando a estas doctrinas «calvinismo». Particularmente los «cinco puntos del calvinismo» surgen como contraposición a las doctrinas de Jacobo Arminio (Wikipedia, internet).

Es así como vemos que su corriente heredada por sus discípulos condujo su pensamiento hacia consecuencias lógicas produciendo de este modo la transformación de la cultura occidental. Su teología, a diferencia de Lutero que fue más eclesiástica por aquello de la doctrina de la justificación por la fe sola, ha sido considerada más abarcante, llegando a considerarse una teología cósmica. La razón es que Calvino, edificando sobre Lutero, llevó a cabo una aplicación del evangelio y los conceptos lógicos del cristianismo a todas las esferas de la vida humana. 

Los tres usos de la Ley de Dios según Calvino (Tomo I, libro 2, cap. VII)

Edificando sobre San Agustín de Hipona, Calvino fue uno de los primeros que dentro de un campo teológico-ético mencionó los tres usos de la ley de Dios para tiempos modernos. El primero consiste en que la ley sirve para mostrarnos la perfecta justicia de Dios al señalar nuestra extrema y condenable pecaminosidad, y por ende, nos conduce a Cristo como Señor y Salvador (Libro 2. Cap. VII, 6, 8,9). En segundo lugar, la ley sirve para infundir temor a los hombres malos, esto hace que los criminales se refrenen de pecar a causa del castigo (2. VII, 10,11). En tercer lugar, la ley sirve de forma positiva como guía moral para el pueblo de Dios (2. VII, 12).

Calvino hizo un énfasis especial en este tercer uso de la ley a fin de que sirviera de instrucción no solo para la iglesia sino para la sociedad. Tuvo el propósito de que una enseñanza vigorosa de esta parte de las Escrituras traería la restauración del hombre caído a imago Dei a fin de fortalecer la vida social y la vida estatal, y todo para la gloria de Cristo. Relativo a este asunto Calvino escribió:

“No será ahora difícil ver cuál es la intención y el fin de toda la Ley: a saber, una justicia perfecta, para que la vida del hombre esté del todo conforme con el dechado de la divina pureza. Porque de tal manera pintó Dios en ella su naturaleza y condición, que si alguno cumpliese lo que en ella está mandado, reflejaría en su vida en cierta manera la imagen misma de Dios”.34

Para Calvino entonces, el último propósito de la Ley tanto en la esfera “espiritual” como en lo “civil” es la búsqueda de la gloria de Dios, quien es la fuente de toda ley, autoridad y gracia por la redención en Cristo. Es por ello que Calvino buscó que la iglesia desempeñara un protagonismo santo y efectivo en la sociedad para que el reino de Cristo fuera extendido y el mal y la corrupción fuera obstaculizado de forma ejemplar.

Un análisis resumido de lo que Calvino enseña aquí en referencia a la ley y el evangelio puede ser entendido de la siguiente forma:

1. Usus civilis. La ley sirve como disciplina, como dique para contener el desbordamiento del pecado. Coadyuva a la obra de la gracias común que Dios realiza en el mundo. (Gál. 3:19; 1 Tim. 1:9).

2. Usus pedagogicus. Por la ley es el conocimiento del pecado. Sacude la conciencia y sirve para llevarnos a Cristo. Pablo se sirve de la figura del ayo o esclavo que acompaña a los hijos de su señor a la escuela. ¿De qué manera la ley nos lleva como de la mano hasta Jesucristo? Por la ley es el conocimiento del pecado y el despertar de nuestra conciencia (Rom. 3:20; 5:20; 5:13; 7:7,8, 9, 11; Gál. 2:19; 3:24). La ley nos abre los ojos a la realidad trágica de nuestra impotencia para salvarnos nosotros mismos; así suscita el deseo de un Redentor, arrebata todo intento de justificación propia y nos hace depender solamente de la gracia divina. Es, pues, un medio de gracia.

3. Usus didacticus o normativus. Este es el llamado “tercer uso de la ley” que desde Juan Calvino se ha instaurado dentro de las filas de la doctrina reformada. La ley expresa el carácter eternamente justo de Dios, y en este sentido es un instrumento del Espíritu Santo para llevar a cabo nuestra transformación a la imagen del Hijo de Dios (Juan 14:15,21; 15:10; Rom. 3:31; 1 Cor. 7:19; 9:21; Sgo. 1:25; 2:8,9; 1ª de Juan 2:3-5; 22-24).

Frente a toda esta evidencia bíblica, Calvino nos hace ver que la Ley era para un pueblo redimido, no fue dada como camino de salvación (en esto consistió la perversión de la ley que hicieron los fariseos en los días de Cristo) sino como una norma santa para un pueblo llamado a ser santo.

IV. Juan Wesley (1703-1791)

A John Wesley junto con su hermano Charles Wesley se les reconoce como importantes predicadores, de cuyas predicaciones se inspiró el Movimiento Metodista inglés, que comenzó cuando adoptó la costumbre de realizar prédicas al aire libre de una manera similar a George Whitefield. No obstante, Wesley no fundó el metodismo como una denominación cristiana; por el contrario, expresó su deseo de que esto no ocurriera cuando declaró:

"Desearía que el nombre 'metodista' nunca vuelva a ser mencionado otra vez, sino que se perdiera en el eterno olvido".

Fue el decimoquinto de diecinueve hijos (de los cuales murieron diez) de Samuel y Susana Wesley. El padre de Wesley era predicador, y la madre una mujer notable en cuanto a sabiduría e inteligencia. Se trataba de una persona de profunda piedad y crió a sus hijos en estrecho contacto con las historias de la Biblia, contándolas tanto alrededor de su hogar, como en la habitación de los niños. También solía vestir a los niños con sus mejores ropas los días en que tenían el privilegio de aprender su alfabeto como introducción a la lectura de las Sagradas Escrituras.

En los tiempos de Wesley, Gran Bretaña vivía en extremos sociales, con promiscuidad, abusos, enfermedades y pestilencias. La pobreza diezmaba la población, donde niños y huérfanos vivían en las calles en total estado de indigencia. Un grupo de personas sensibles a la situación, vislumbró la necesidad de llevar a las calles la función de la Iglesia, es decir, pastorear a los necesitados, atendiendo a las personas y ocupándose de ellas.

Juan estudió en la universidad de Chaterhouse y luego en Oxford Cambridge, se graduó en 1726. En Oxford fue un líder, y durante la última parte de su estancia allí fue uno de los fundadores del "Santo Club," una organización de estudiantes serios. En este club estaban Roberto Kirkam, William Morgan, Jorge Whitefield y los mencionados hermanos. Vivían bajo una seria disciplina incluyendo ayunos y tiempos de oración. Su naturaleza religiosa se profundizó con el estudio y la experiencia, pero no fue hasta años después de dejar la universidad y entrar bajo la influencia de los escritos de Lutero cuando sintió que había entrado en la plena riqueza del Evangelio. (http://es.wikipedia.org/wiki/John_Wesley)

Análisis de la ley y la gracia según Juan Wesley

Respecto a este asunto, uno puede vislumbrar que Wesley  definitivamente acusó una directa influencia de los reformadores al respecto. Escribe Juan Wesley:

El tercer uso de la ley es mantenernos vivos. Es el gran medio por el cual el bendito Espíritu Santo prepara al creyente para más largas comunicaciones de vida divina. Temo que esta grande e importante verdad sea poco comprendida, no solamente por el mundo, sino por muchos a quienes Dios ha sacado del mundo, por muchos que son verdaderos hijos de Dios…y, sin embargo, en otro aspecto, no somos libres con respecto a ella: porque todavía nos es de gran utilidad, primero para convencernos de pecado, del pecado que aún permanece tanto en nuestros corazones como en nuestras vidas y de ahí que sirva para mantenernos más cerca de Cristo, para que su sangre pueda limpiarnos en cada momento; en segundo lugar, la Ley nos ayuda a pedir y obtener fortaleza espiritual de nuestra Cabeza, Cristo, la cual se esparce por sus miembros vivos de manera que estén capacitados para hacer lo que Su Ley manda; y, en tercer lugar, para confirmar nuestra esperanza de lo que nos pide y todavía no hemos alcanzado: gracia sobre gracia, hasta que poseamos la plenitud de sus promesas…Por un lado, la Ley nos impulsa continuamente fuera de la misma, hacia el Evangelio, y por otro lado, el Evangelio nos conduce constantemente a un más exacto cumplimiento de la Ley.” (Christian Theology, pp. 175-176, 179)

El combate de Juan Wesley contra el antinomianismo de sus días. Enseñanzas que pueden observarse en sus Sermones

1. Desde el año de 1740 se vio el señor Wesley obli­gado a combatir el antinomianismo de los moravos, el cual describe en las siguientes palabras (véase Diario, septiembre de 1741): "Menospreciáis las obras buenas, especialmente las obras exteriores de misericordia, al no insistir jamás públicamente en la necesidad que hay de ellas, y al no declarar su importancia y excelencia.

2. Análisis de los sermones XXXV y XXXVI

El Evangelio enseña la única vía a la salvación, y se opone a la justificación legal, pero no a la ley misma, como algunos suponen. Tan unida está la ley al Evangelio, que la destrucción de aquélla es la destrucción de éste. Debemos, pues, procurar con esmero no invalidar la ley por medio de la fe. Considerad los métodos más comunes de invalidar la ley por medio de la fe.
No predicando nunca la ley. El Evangelio no puede llenar los fines que se consiguen predicando la ley. No hay en la Escritura mandato ni precedente alguno que autoricen ofrecer a Cristo al pecador que aún no despierta de su letargo. El ejemplo de Pa­blo. De gran consolación es el predicar sobre los méritos de Cristo, pero esto sólo será una bendición real para aquellos que estén preparados a recibirla.

3. Sermón XXXV
La ley establecida por medio de la fe

¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera: antes establecemos la ley (Romanos 3: 31).

Habiendo asentado al principio de esta epístola su proposición general, a saber: que "el Evangelio...es potencia de Dios para salud a todo aquel que cree"-el medio poderoso de que Dios se vale para hacer a todo creyente participante de la salvación presente y eterna-pasa Pablo a de ­mostrar que no hay otra vía de salvación debajo del cielo. Refiérase especialmente a la salvación de la culpabilidad- que por lo general llama justificación. Con diversos argumentos, dirigidos tanto a los judíos como a los paganos, él prueba que todos los hombres necesitan esta justificación, y que nadie puede probar ser inocente.

Sobre Romanos 3:19, 20,28.

Fácil cosa era anticipar la objeción que se haría y que, efectivamente, se ha hecho en todas las épocas, a saber: que decir que somos justificados sin las obras de la ley, es tanto como abolir la ley. Sin entrar en una disputa formal, el Apóstol niega el cargo. "¿Luego deshacemos la ley por la fe En ninguna manera; antes establecemos la ley."

La extraña aserción de algunos de que al decir Pablo "el hombre es justificado sin las obras de la ley," se refiere sólo a la ley ceremonial, queda ampliamente refutada con estas palabras. Porque ¿acaso estableció Pablo la ley ceremonial?  Es evidente que no. Abolió esa ley por medio de la fe y lo confiesa ingenuamente. De la ley moral únicamente pudo decir, como dijo, "no la deshacemos, antes la establecemos por la fe."

Pero, ¿es el celo de estos hombres según sabiduría? ¿Han examinado la relación que existe entre la ley y la fe, y que, considerando la relación tan íntima que las liga, destruir la una es tanto como destruir ambas; que abolir la ley moral es, en verdad, abolir la fe y la ley juntamente, puesto que no quedaría medio alguno de traernos a la fe, ni de mover ese don de Dios en nuestras almas.

Investiguemos, primeramente, cuáles son los métodos más usuales de invalidar la ley por medio de la fe. El modo más sencillo de invalidarla que pueda usar un predicador, es no predicarla nunca. Eso es tanto como borrarla de los Oráculos de Dios. Especialmente cuando se hace con intención, cuando se establece como regla no predicar la ley. En este caso, la frase "predicador de la ley" es un término de reproche, como si quisiera significar que es un enemigo del Evangelio.

Todo esto viene de la ignorancia crasa respecto de la naturaleza, atributos y fines de la ley. Y prueba, además, que quienes obran de esta manera, no conocen a Cristo, son enteramente extraños a la fe viva, o, al menos, son niños en Cristo y, como tales, incapaces para la palabra de justicia.

Su gran argumento es este: Que predicar el Evangelio, el cual, según su opinión, consiste en hablar solamente de los sufrimientos y méritos de Cristo, basta para satisfacer todos los fines de la ley. Pero negamos esto rotundamente. Esa predicación no llena el primer fin de la ley, es decir: persuadir a los hombres de su pecado; despertar a los que aún yacen al borde del infierno. Tal vez haya habido uno que otro caso. Tal vez un alma entre mil haya despertado al oír el Evangelio, pero esta no es la regla general. El método ordinario de Dios es persuadir a los pecadores por medio de la ley, y solamente por ese medio.

Por estas citas directas de Juan Wesley, podemos concluir que relativo a esta doctrina el metodismo fue fiel al mensaje paulino de las Escrituras. No hay duda, como se ha señalado, que los mensajes que Wesley predicó empleando la ley moral para este propósito, rindió un grande fruto para Dios por medio del ministerio de Juan Wesley. No hay duda que la influencia de Jorge Whitefield fue notoria del mismo modo por ser este último un calvinista reconocido en aquellos tiempos. Máxime cuando Whitefield era miembro del “Club Santo”. 




* Institución de la Religión Cristiana, Tomo I, libro 2, capítulo VII, 9.




* http://www.verdadespreciosas.com.ar/documentos/La_ley_y_la_gracia.htm

[1] Martín Lutero, “How Christians Should Regard Moses”, en Martin Luther’s Basic Theological Writings, ed. Timothy F. Lull (Minneapolis, Minnesota: Fortress Press, 1989), pp. 135-148.
[2] Ibid., p. 140.
[3] Martin Lutero, “Preface to the Old Testament”, en Martin Luther’s Basic Theological Writings, ed. Timothy F. Lull (Minneapolis, Minnesota: Fortress Press, 1989), p. 123.
[4] Ibid., p. 127.
[5] Juan Calvino, Institución de la Religión Cristiana, ed. Luis de Uzos y Río, trad. Cipriano de Valera, 2 tomos. (Rijwijk, Países Bajos: Fundación Editorial de Literatura Reformada, 1981), (IV, xx, 15), I:1181.
[6] Juan Calvino, Comentario a las epístolas pastorales de San Pablo. (Grand Rapids: Libros Desafío, 2000), p. 351.
[7] Juan Calvino, Institución (II, vii, 16) I, 258.
[8] Ibid., (IV, xx, 15) II, 1181.
[9] Juan Calvino, Comentario a las epístolas pastorales de San Pablo. (Grand Rapids: Libros Desafío, 2000), pp. 350-351.

jueves, 6 de febrero de 2014

Durante este mes estaremos tratando semana a semana el interesante tema de: "LA LEY Y LA GRACIA". Son tres ponencias desarrolladas por nuestros muy calificados docentes, quiénes a la luz de las Escrituras nos introducirán en las grandes verdades de estos temas.

Durante esta semana veremos el tema:


LA LEY Y LA GRACIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Por Mag. Héctor Molano


Introducción

Quizá los temas centrales de la Biblia pueden ser la Ley y la Gracia, la Ley que muestra la necesidad de amoldarse a los parámetros de un Dios completamente santo, diferente y separado de cualquiera cosa creada y la Gracia, necesaria para poder estar cerca de este misterioso Dios.   Desafortunadamente, la Iglesia de hoy poco se encarga de dar una mirada concienzuda a estos temas, sino que prefiere las predicaciones ligeras, llenas de animación pseudo-espiritual y de mentalidad positiva que es llamada por muchos fe; también se ha olvidado el Antiguo Testamento en las predicaciones y el canon predicado difiere mucho del canon bíblico, es así como predicadores, profesores, seminaristas y feligresía en general prefiere dedicar sus acercamientos bíblicos a temas neotestamentarios, olvidando así el trasfondo de éste y la aparición de todas las ideas en el Antiguo Testamento (AT). 

Muchos toman textos como Juan 1:17 que nos dice que la Ley vino por Moisés en tanto que la gracia y la verdad por medio de Cristo, también se usa para dejar de lado el AT textos como Romanos 6:14 en donde Pablo le dice a los romanos que ahora están bajo la Gracia.  Olvidarse de la Ley para introducir la Gracia como un concepto nuevo en el Nuevo Testamento (NT) no corresponde al concepto bíblico sino más bien a una interpretación dada por etapas cerradas y no progresivas de la revelación; otro podrá tomar también Mateo 5:17 para decir que Cristo no abolió la Ley porque él se presenta como el que no quiere dejar de cumplirla y se introduce en legalismos veterotestamentarios.

Debido a las tristes razones mencionadas, es probable que muchos piensen solamente en la Ley para referirse a las temáticas propias del AT, dejando la Gracia para el NT, pero resulta en un error conceptual de lo que el AT tiene que decir sobre las grandes verdades del cristianismo.

En este corta exposición deseo presentar estas dos ideas a la luz de esta parte, muchas veces menospreciada en las iglesias, llamada el Antiguo Pacto.  Debe ser claro que en esta exposición no se alcanzaran a tocar cada detalle pero confío que pueda servir como abrebocas a profundizaciones posteriores.

La Ley y sus ideas veterotestamentarias

Es un error conceptual considerar que la Ley es simplemente el AT, sin tener en cuenta los diferentes momentos en los cuales se habla de la Ley, diferentes contextos que brindan campos semánticos diferentes para este único término.

La palabra torah que traducimos en nuestras biblias como Ley aparece en primer momento en la Escritura en el libro del Génesis hasta en Génesis 26:5 cuando el narrador nos menciona que Dios se le apareció a Jacob diciéndole que Abrahám había cumplido sus decretos, preceptos, mandamientos y leyes. ¿Se refería el autor a que Abrahám salió de su tierra o a que se circuncido? ¿Fue Abrahám perfecto porque eso se lo había ordenado Dios (Gen 17:1)?  El punto que quiero resaltar aquí es que la Ley como tal no está presente en el momento en que aparece la palabra en el AT sino que está antes de que la palabra se suceda.  Vimos en este ejemplo que a Abrahám, Dios le dio leyes para cumplir cosas por hacer, pero ¿desde qué momento la Ley hizo su aparición?

Nos tenemos que referir al inicio del relato bíblico y observar cómo presenta el autor el acto creador de la humanidad; en lo que tiene que ver con lo que se ha llamado el segundo relato de la creación de Génesis, en 2:15-17: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.  Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;  mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”  Obsérvese que en el mismo momento de inicio de la humanidad hay una Ley, la de no comer de un árbol y es muy interesante notar que la forma del “no” en no comerás, en hebreo “lo”, es la misma que se usa en los diez mandamientos.  El Diccionario Teológico de palabras del AT dice que la Ley es tan antigua como el pecado, pero debemos decir que la Ley es tan antigua como la humanidad, Dios da al hombre leyes para que puedan conocer su deseo, siempre han habido leyes y regulaciones colocadas por Dios para nuestro beneficio.

Por otro lado, también se debe decir algo respecto a los cambios en la concepción de la Ley a lo largo de la Biblia.  Podemos decir que en primer lugar las Escrituras hablan de la Ley como una serie de declaraciones que revelan la voluntad de Dios, por ejemplo podemos observarlo en Isaías 1:10: “Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.” Y luego de este llamado de atención, Dios dice que es lo que la gente debe de hacer para que se cumpla el deseo del Señor; entonces la Ley muestra la esencia de quién es Dios porque lo que hacen las leyes es ordenar lo que él es.  Para explicar esto, el conocido autor Josh Mcdowell hace un sencillo camino entre la Ley y Dios en su libro “Es Bueno Es Malo”, Mcdowell coloca tres letras P para este análisis, una P es el precepto o el mandamiento, la otra es el principio que se deduce del mandamiento y la última P es la persona de Dios quien es la base de todo; por ejemplo si el mandato es “no matar” el principio es la vida, y la persona, quien es Dios, es vida.  Con esto en mente la Ley refleja quién es Dios.

La Ley es vista además como regulaciones, mandatos claros que se le dan a la humanidad para que se comporte conforme a ellas.  Por ejemplo en Deuteronomio 15 se presentan una serie de leyes que tienen que ver con la remisión de las deudas, esta pues se convierte en una ley de carácter civil.  En otro ángulo del AT, por ejemplo en Éxodo 12 Dios da una serie de leyes a Moisés y Aarón para que las hagan todas las familias del pueblo de Israel en lo que se llamó la pascua, lo que se convertirá en una ceremonia, de ahí se deduce que la Ley también es ceremonial.

En el libro de Deuteronomio la Ley se une con la historia, con la misma interpretación de la Ley y también se la ve como norma (Deut 28:58, 29:21).  Deuteronomio da un giro al uso de la palabra torah para ampliar su concepto, de hecho en el capítulo 31 se articula con el Pacto.

También en el desarrollo de la concepción de la Ley, todo el Pentateuco asume ese nombre, se dice en Josué 1:8: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Típicamente se ha considerado el libro de la Ley mencionado en estos textos como correspondiente a los cinco primeros libros de la Biblia, aunque también podría referirse a lo que se conoce como el libro o código del pacto entre Éxodo 20-23; también al pentateuco se le llama, Ley de Moisés (Jos 8:31) y la Ley de Jehová (Esd 7:10).

-          ¿Qué hace la Ley?

Debería ser claro en este momento que la Ley lo que quiere mostrar es la esencia de Dios, lo que él quiere y lo que él es.  La Ley se hacía necesaria para que la humanidad pudiera darse cuenta de la lejanía de sus parámetros con los parámetros de Dios; la Ley hacía que el pueblo de Dios se distinguiera claramente de los demás pueblos.  Por supuesto, las leyes no son únicas del pueblo de Israel, ni surgen de la nada, sino que el entorno mesopotámico es uno lleno de regulaciones, un claro ejemplo es el código de Hammurabi que puede datarse con fecha anterior al Génesis, así que no es descabellado decir que el autor bíblico se valió de los aspectos legales de otros pueblos para colocarlos bajo la inspiración divina en el texto bíblico.

También la Ley regula las acciones legales entre el pueblo; la idea divina al dar la Ley es que la gente viva en armonía unos con otros, protegiendo a cada cual en su entorno; la Ley también quiere mostrarnos la forma de acercarnos a Dios, debido a que él se presenta como perfecto y santo, la única forma de acercase a un ser de estas características es que él mismo brinde las regulaciones para dicho acercamiento.

En su artículo sobre la Ley, el Diccionario Enciclopédico Estándar de la Biblia, dice que el propósito de la Ley es llevar al hombre a fructificar, a tener una vida abundante de comunión con Dios que lo hará completamente realizado.

-          ¿Salva la Ley en el AT?

Una concepción típica del cristianismo en la actualidad es el pensar que las personas en el AT cumpliendo la Ley se podían salvar, ¿podría alguien cumplir con todos los detalles de la Ley? No, de hecho muchas veces las personas pecaban sin saberlo, el texto bíblico lo llama por yerro Lev 4:2,13 (en hebreo se usa la palabra shaga para este pecado), en tanto que otras fallas si eran con conciencia de que se estaba ofendiendo a Dios, esto es rebelión como lo expresa la biblia en Is 1:2 (la palabra hebrea usada es pesha).

La Ley lo que hace es mostrar el carácter de Dios, los requerimientos para acercarse a él, pero también la imposibilidad de lograr el espíritu de la Ley; esto lo expreso porque los fariseos e intérpretes de la Ley se van lejos del texto y caen en el legalismo, al intentar interpretar añaden normas y legislaciones que aumentan la carga sobre los feligreses.  Jesús no crítica la Ley sino la forma en que se acercan a ella, olvidando el principio y quedándose con sus propias normas.

La Gracia está presente en el AT

Como se mencionó en la introducción de este corto escrito, la mayoría de los cristianos consideran que la Gracia es propia del NT y que el AT es solamente Ley, pero esto es un craso error de comprensión de la revelación de Dios dada desde el inicio de la creación.

La palabra Gracia usada en español es traducida de la palabra griega “jaris”, como sabemos el AT no fue escrito en esa lengua pero sí fue traducido en la versión de los Setenta a dicho idioma.  Las palabras hebreas usadas cuando en español pueda aparecer Gracia son “jen” que también puede traducir belleza, elegancia, bondad y compasión, y también Gracia en español se traduce de la palabra “jesed” como en Ex 20:6: “… y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” Aquí siendo traducida por misericordia en la que el autor hace un contraste entre el corto castigo divino y la amplitud de su amor.  Lo más próximo a la idea paulina de Gracia se puede ver en el término “ratson” tal como aparece en Isaías 60:10: “Y extranjeros edificarán tus muros, y sus reyes te servirán; porque en mi ira te castigué, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia.” Y en Salmo 44:3: “Porque no se apoderaron de la tierra por su espada, Ni su brazo los libró; Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, Porque te complaciste en ellos.”  El primer versículo citado muestra claramente que ante el amor de Dios él da de su Gracia, aunque es un pueblo pecador que mereció la ira; en el siguiente versículo citado se muestra como el Señor entregó las tierras al pueblo mediante la manifestación de su poder sobre los pueblos enemigos pero mostrando Gracia con su pueblo elegido.

-          Ejemplos de la Gracia en el AT

Como se pudo observar en el párrafo anterior al estudiar el término etimológicamente y su sentido, se puede afirmar que la Gracia es un concepto perteneciente al AT. Sin embargo muchos siguen pensando que es propia del NT y que hay una separación radical entre Ley y Gracia.

Si nos remontamos al inicio de la creación, al momento en el que Dios crea a la humanidad, recordamos que Dios había dado una Ley, una que los obligaba a no tomar de un árbol, para ellos prohibido con la aclaración que ante la desobediencia habría muerte.  La llana lectura del relato, sin entrar en análisis posteriores en el AT sino colocándose en el lugar de Adán y Eva en el momento de recibir la Ley, que les ordenaba no tomar del árbol para que no murieran, les debió llenar de dudas y de temor.  Dudas porque el concepto de muerte no es propio de un sitio paradisiaco como se plantea, pero en el supuesto de una explicación de lo que significa morir por parte del Creador a ellos, debieron haberse sentido atemorizados.  Ahora bien, al tomar del fruto los infractores no mueren, sus cuerpos no dejan de funcionar, sus vidas siguen en ellos ¿acaso no es esto una muestra de Gracia?  Ya posteriormente se ha entendido, tanto por el relato mismo como por versículos como el  Salmo 36:9 (Porque contigo está el manantial de la vida; En tu luz veremos la luz.), que la muerte que se muestra en el Génesis es espiritual o de separación de Dios, pero no existe una forma clara de referirse a la muerte de una clase o de otra, por lo que el acto mismo de dejarlos vivos luego de pecar es una muestra de Gracia.

En la misma línea de la Gracia manifestada (algunos lo verán como misericordia pero recordemos que el término usado se traduce con esa expresión) en el evento del pecado, Dios les da los medios para que esta Gracia se puede dar, Dios les promete que por medio de la simiente de la mujer se revertirá el estado ideal de comunión con el Creador.  Los asustados padres primigenios muestran en lo que hacen posteriormente a este anuncio renovador, el entendimiento necesario para confiar en esta promesa; Adán cambia el nombre de su mujer de “isha” por Eva, porque reconoce que de entre los vivientes que nacerán de la mujer o de su simiente viene la salvación, y cuando nace el primer hijo de la pareja, Eva lo llama Caín porque es la voluntad de Dios que lo tenga.  No podemos asegurar cómo fue el trato de los padres hacia su hijo pero suponer que creyeron que ya era éste quien les solucionaría su falta no es ilógico.  Por supuesto, la concepción de que aquel no era el elegido tuvo que ir tomando forma al cabo del tiempo y luego de las tristes historias que realizaría Caín.

Como pudimos dilucidar, la Gracia fue de la mano con la trasgresión a la Ley, no se puede dejar a un lado el Padre que indica cómo debemos comportarnos y el Padre que toma la mano a sus criaturas para conducirlas a él.  Ahora bien, luego de Adán la humanidad quedo separada de Dios, el Salmo 14:2, 3 es lapidario en su forma al referirse a la condición del hombre “Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, Para ver si había algún entendido, Que buscara a Dios.  Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”  Ni siquiera uno puede decir que sus manos están limpias, pero la Gracia se manifiesta al hombre, la Gracia de un Dios que está por encima de la limitante humana, observemos a Noé en Génesis 6:8: “Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.” Es interesante observar que en la LXX, la palabra que se traduce gracia en este texto es precisamente la preferida de la literatura paulina “jaris”, es la mirada de Gracia la que escoge a Noé porque no era uno mejor que los demás, lo que demostraría al embriagarse luego del diluvio.  En ese mismo sentido las elecciones de Abrahám, Job, David, etc, son actos de Gracia por parte de Dios.

Alguien podrá decir a este punto que esta Gracia estaba reservada para los padres de la fe o de la historia del pueblo de Dios, pero no es así, la Gracia estaba disponible para todos en el AT, en Isaías 1:18 se muestra una de las más hermosas frases de Gracia en el texto bíblico: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”  Dios llama los pecadores de manera gratuita y llena de Gracia, solamente deben ir ante él con sus pecados para que los limpie, que mayor muestra de Gracia en el AT que esta. 

-          ¿Cómo se manifiesta la Gracia en el AT?

En el ítem anterior tratamos suficientemente la manifestación de la Gracia en el AT, sin embargo quiero recalcar todo el sistema sacrificial dado para que las personas expiaran su pecado.  Si Dios es santo y perfecto, el castigo del pecado deberá ser la muerte del que infringe la Ley, pero Dios le da al pueblo muchas regulaciones que hacen que su pecado se cubra o que recaiga sobre un animal.  En el AT se nos declara que en la sangre está la vida (Lev 17:11), y en los sacrificios se derramaba la sangre porque se debía pagar una vida por la vida del transgresor (ejemplo Lev 14:6), pero Dios permite que no sea la sangre de la persona, sino la de un animal, esto es una muestra de Gracia porque quien merece la muerte y que su sangre se derrame es quien comete el pecado.

La Gracia se muestra también en el amor dado por Dios frente a un pueblo impenitente y pecador, toda la narración del profeta Oseas muestra la Gracia de un Dios-esposo que ama a pesar de, a su pueblo-esposa.

Conclusión

Ley y Gracia van de la mano en la Biblia, no se puede dejar a un lado una por la otra; la Ley es implacable e imposible de lograrla a su verdadera perfección, y la Gracia no se entendería sin conocer la transgresión, solamente por lo que hace la Ley, mostrar la impotencia del hombre ante un Dios santo, la Gracia aparece.

Finalmente, menciono a Jeremías 31:33, 34: “Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.”  Se presenta la Ley como puesta por Dios mismo en los corazones de los creyentes cuya acción es vista en el NT como una acción de Gracia, así lo presenta Juan citando a Jeremías en 6:44,45: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.  Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.”.  Entonces podemos concluir que la Gracia que se ve en el NT está unida a la Ley que Dios dio en el AT, y están así entrelazadas.

martes, 28 de enero de 2014

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"¡Cuán dulce son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia". Sal 119, 103 y 104